Deportes
Un guzmareño en la cumbre del Mont Blanc
El alpinista José Antonio González Blázquez relata su última aventura, el ascenso al gran macizo de los Alpes y el más alto de Europa Occidental.
20 de septiembre de 2011 484 lecturas enviar a un amigo imprimir Compartir:
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José Antonio González Blázquez, vecino de Castilleja de Guzmán, es un apasionado de los deportes en la naturaleza, y desde hace algunos años entrena para subir a los picos más altos del planeta. En esta ocasión su objetivo era coronar el Mont – Blanc, el gran macizo de los Alpes y el más alto de Europa Occidental, y lo consiguió hace poco. Así ha explicado este aventurero del Aljarafe su experiencia.
José Antonio González Benítez durante una de sus travesías.ampliarJosé Antonio González Benítez durante una de sus travesías.



"Este proyecto se gestó hace tres años, pero debido a un accidente mortal en la montaña durante las actividades preparatorias en Sierra Nevada, me vi obligado a posponerla. De ahí que esta expedición vaya dedicada a la memoria de Antonio Román Campos, montañero y amigo.

Ha sido duro el camino durante todo este tiempo y muchas las actividades y rutas seguidas y abiertas hasta llegar aquí. Sierra Nevada, Gredos, Pirineos, Marruecos, etc., son algunos de los destinos que han servido como entrenamiento para poder alcanzar este objetivo.

En compañía de Andrés García y Alberto Román, dos integrantes del club alpino sevillano al que, quedamos en Chamonix, cuna del alpinismo, para, tras visualizar el pronóstico climatológico para los siguientes días, poder plantear la estrategia a seguir. En esta época del año los cambios son constantes y las ventanas de buen tiempo son escasas. Mientras llegaba el buen tiempo, realizamos varias rutas por los glaciares cercanos: Des Bossons, Argentiere…

Por fin llegó la ventana de buen tiempo la cual nos sorprendió teniendo que atajar la ruta a primera hora de la mañana. Salimos de Chamonix a las 07.00 horas tomando el teleférico de la Aiguille du Midi, el cual nos situó en pocos minutos a 3.842 metros. Tras los preparativos de la cordada, comenzamos la ruta a las 08.00 horas teniendo que perder bastante altura por una arista muy aérea y vertical que nos llevó al plató del valle blanco. Desde ahí, la primera de las ascensiones nos llevaría entre grietas y seracs al Tacul del Mont Blanc situado a 4.248 metros. Aunque la huella ya se encontraba abierta, las temperaturas a esa hora ya pronosticaban que no iba a tratarse de algo fácil de conseguir. Desde el collado volvimos a tomar la ruta […], allí una gran travesía en diagonal nos llevaba hacia el lugar que nos había levantado las inquietudes de la ruta, la pared del Mont Maudit, un muro de 200 metros de altura con una inclinación de entre 70 u 80 grados. El tiempo dio un pequeño giro y apareció un viento constante que hizo descender unos grados la temperatura lo que hizo que aceleráramos en la medida de lo posible el ritmo para poder llegar al refugio Vivac de Vallot a buena hora.

La ayuda de las cuerdas fijas y nuestra forma física hasta ese punto eran de gran importancia para que tras casi una hora de escalada llegáramos a sobrepasar la cornisa que corona este muro de nieve, roca y hielo, 4.465 metros y habíamos conseguido nuestra segunda cima de más de 4.000 metros.

Este llegó a ser un momento especial. Tras el esfuerzo realizado pudimos ver desde este punto en todo su esplendor el macizo del Mont-Blanc tan diferente a todo lo anterior que casi podíamos saborear el majestuoso merengue blanco redondeado que en aparente cercanía nos esperaba.

En torno a las 16.00 horas repusimos algo de energías en el Col de la Brenva (4.303 metros) mientras intuíamos la subida por el Mur de la Côte y Las Petits Mulets.

Sin muchas más dilaciones continuamos de la misma manera que habíamos empezado nuestra aventura, paso a paso y con seguridad en la cordada. Esto fue lo que nos llevó a culminar uno de los proyectos más ambiciosos de mi trayectoria como alpinista. La cima quedó venteada a nuestra llegada y poca tregua nos dio para disfrutar de un paraje tan grandioso como aquel, donde a nuestros pies quedaban las luces de las poblaciones dormidas. En nuestra bajada por la arista de Bosses, el sol se iba ocultando con la misma rapidez que descendía la temperatura y los efectos del cansancio hacían mella en nuestros cuerpos. Al fin, en torno a las 20.30 horas llegamos al refugio Vivac de Vallot donde pudimos descansar de manera intermitente por el paso continuo de montañeros hasta las 06.00 horas y después de desayunar algo ligero seguimos descendiendo hasta el refugio de Goûter donde pudimos tomar un té caliente que nos dio la entereza para seguir entre pedreras guiados por los cables que aseguran la bajada hasta la estación del Nid d´Aigle a 2.372 metros.

Allí culminó nuestro proyecto, tras el descenso, con la satisfacción de encontrarnos físicamente bien y con el logro personal de haber ascendido los 4.810 metros del Mont-Blac por la ruta de los cuatromiles".

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2 comentarios
  • EvaSBV Enviado hace 1 año
    Nada más que añadir, compañero, después de esta maravillosa crónica. Es innegable que eres capaz de ésto, y más, ..., de lo que te propongas en esta vida, porque cuando crees en algo, vas a fondo. Un abrazo.
  • Antonio "Parabolts" Enviado hace 1 año
    tout simplement fantastique

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